“Propiedad Intelectual”

A los editores y a los abogados les gusta describir el «copyright» como «propiedad intelectual». La expresión «propiedad intelectual» conlleva una presunción oculta: que la forma más normal de pensar respecto a la cuestión de la copia se basa en una analogía con los objetos físicos y en la idea que nos hacemos de ellos como propiedad.

Pero esta analogía pasa por alto la diferencia crucial entre objetos materiales e información: la información puede ser copiada y compartida casi sin esfuerzo, mientras que los objetos materiales no. Fundar tu pensamiento en esta analogía es ignorar esta diferencia.

Incluso el sistema legal de los EEUU no acepta por completo esta analogía, debido a que no trata al copyright como derechos de propiedad sobre objetos físicos.

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Igalia se suma a la Linux Foundation.

La empresa gallega (empezó en A Coruña) de consultoría de software libre ha sido anunciada hoy como nueva incorporación a la Fundación Linux.

En palabras de Amanda McPherson, vicepresidenta de marketing y desarrollo de la Linux Foundation:

“Igalia is widely respected for its cross-platform work with device makers and operators and for its extensive experience contributing to open source projects all these years. We’re looking forward to its contributions to The Linux Foundation,”.

Podeis leer más en este enlace.

Igalia, en palabras de Enrique Dans.

“El derecho a leer”

Este artículo fue publicado en el número de febrero de 1997 de Communications of the ACM (Vol. 40, Número 2).

(de “El camino a Tycho”, una colección de artículos sobre los antecedentes de la Revolución Lunar, publicado en Luna City en 2096)

Para Dan Halbert el camino a Tycho comenzó en la universidad, cuando Lissa Lenz le pidió prestado su ordenador. El de ella se había estropeado, y a menos que pudiese usar otro reprobaría su proyecto de fin de trimestre. No había nadie a quien se atreviera a pedírselo, excepto Dan.

Esto puso a Dan en un dilema. Tenía que ayudarle, pero si le prestaba su ordenador ella podría leer sus libros. Dejando de lado el riesgo de ir a la cárcel durante muchos años por dejar a otra persona leer sus libros, la simple idea le sorprendió al principio. Como a todo el mundo, se le había enseñado desde la escuela primaria que compartir libros era algo malo y desagradable, algo que sólo los piratas harían.

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